«De Madrid al Mercure» debería rezar el dicho popular, pues es un verdadero placer ascender a lo más alto del emblemático edificio eterno testigo de los quehaceres de la Plaza Santo Domingo. En la séptima planta aguarda Sunset Lookers, una de las terrazas mejor aprovechadas de la ciudad porque en un pequeño «dúplex» al aire libre conjuga barra y copas, piscina, pufs y tumbonas, el jardín vertical más grande del mundo… y una panorámica de la capital española que se incrustará en tu retina.
| La piscina incluye algunos elementos típicos de un SPA. |
Entrar en el Hotel Mercure y no descender a las «elegantes entrañas de la capital», como llamé a las Cuevas de Sandó en este artículo, se me hace raro. Me dicen que si aquello me gustó, debo visitar las alturas del edificio. Dicho y hecho, allí me planto en la séptima planta, sólo accesible durante el día a clientes del hotel. Primer punto a favor, pues el huésped ya se evita saturaciones y casi se asegura una pasmosa tranquilidad. La primera impresión es bastante buena: al subir las escaleras que dan acceso a la piscina un siempre dispuesto socorrista nos abastece con toallas y, si es nuestra primera vez, nos da también un mini tutorial sobre el funcionamiento de la piscina. El chorro acuático y la catarata artificial propia de SPAs suponen un acompañamiento no esperado, bienvenido y agradecido por nuestros cuerpos.
| De reducidas dimensiones pero impecable puesta en escena. |
La temperatura del agua es impecable: nuestro día no fue el abrasador al que acostumbra el calor asfáltico de Madrid y, sin embargo, la impresión era mínima al primer contacto. Por tanto, a no ser que seas un purista de los de doce largos por baño -las dimensiones son reducidas-, la piscina será el perfecto refresco para tu día piscinero en la azotea de Madrid.
| ¿El Sol te está matando? Prueba uno de los cócteles del bar. |
Claro que no todo sucede dentro del agua; fuera, además de copar con pufs y sofás preparados para el agua la misma planta de la piscina, arriba encontrarás numerosas tumbonas y, nuevamente, un coqueto y pequeño espacio al más puro estilo solarium. Quizá en las temporadas más altas el lleno sea absoluto pero, nos aseguran, suele dosificarse bastante bien la presencia de clientes en la piscina. Así pues, tienes asegurada una excelente experiencia dentro y fuera del agua. Si tu estómago gruñe en algún momento del día -recuerda que entre las 11 y las 20 horas puedes bañarte todo lo que desees-, una barra siempre bien atendida te proporcionará un pequeño tentempié -bolsas de patatas, pinchos y ensaladas- o algunos más generosos, como las hamburguesas y los japoneses temakis -similares al sushi-. Sin olvidar una innumerable lista de cócteles, copas y refrescos.
| El jardín vertical más grande del mundo. |
Sólo queda recrearte en tu sabia elección. Hazlo. El subir al solarium o acercarte a la barandilla de la planta de la piscina sólo te premiará, salvo algunos edificios que dicen más bien poco, con un privilegiado ángulo de la ajetreada ciudad allá abajo, tan relajada desde aquí arriba. Hasta la Plaza de España te saludará majestuosa a lo lejos pero enfoca un poco más de cerca: en la misma dirección, pero en sentido descendente, se descubre ante ti el mayor jardín vertical del mundo, con 844 m2. Un lujazo para la vista que alcanza su máximo esplendor durante algún evento nocturno, en que la catarata artificial arranca y culmina un día de piscina con una animada noche entre copas, tenues luces, amigos, vistas y sobre la, otrora, piscina… gracias al metacrilato que la cubre ganando superficie para el terraceo nocturno. Dos plantas y dos versiones para ofrecerte la cara más alegre de Madrid por el día, la más atractiva por la noche.