
Querido lector, si eres de los que entienden por viajar ir a un lugar, echar cuatro fotos y volverte a casa, no sigas leyendo. Para el resto, os traigo una nueva entrega de mi segunda región favorita de España, después de Madrid: Islas Canarias (ver la reseña de Fuerteventura y Tenerife). Su exclusivo origen volcánico ya le otorga un valor añadido sobre otros destinos, pero cuando echamos un vistazo isla por isla y encontramos tantas cosas por ver y hacer, no podemos sino caer rendidos a su gente, sus lugares, sus puestas de sol, playas, monumentos… Definitivamente, en Canarias es una hora menos para que el peninsular tenga 60 minutos más en el día para disfrutar de cualquiera de sus islas. Poco me parece para degustar uno de los rincones más maravillosos del mundo: Lanzarote.
Lanzarote Día 1: Tierra
| La Casa-Monumento campesino es un coqueto rinconcito de la isla. |
Que su nombre aluda a uno de los caballeros de Arturo le hace un guiño al mundo anglosajón, pero lo cierto es que la figura más importante de la isla es nativa de Arrecife, la capital. César Manrique es el responsable de la exquisita integración de cada monumento y centro turístico en las rocas volcánicas de la isla, respetando al máximo el paisaje sobre le que se asientan, ensalzando la naturaleza e incluso a quienes tradicionalmente habitaron la isla. Por eso el Monumento del Campesino es quizá el cruce de caminos de todo visitante a la isla, porque en él confluyen y de él parten numerosas rutas por su céntrica posición, porque con una exploración de sus instalaciones entendemos cómo vivían y trabajaban en Lanzarote hasta nuestros días. Diferentes salas con placas que las catalogan -se echa en falta un panel explicativo, eso sí- adelantan lo que veremos dentro pero, en conjunto, el lugar aúna la blancura, arquitectura y espíritu de la isla. Es un monumento a la tierra pero, sobre todo, a sus gentes: es el Monumento del Campesino.
| El Monumento al Campesino se eleva en un cruce de caminos. |
Empiezo directo con uno de los atractivos turísticos porque la cuestión logística la trataré en el siguiente volumen (alojamiento, transporte, comidas, tiendas, etcétera) y además, sin duda es un buen punto de partida para el primer día. Entendedme, mi filosofía es exprimir al máximo lo que ofrece la isla: y Lanzarote, aunque no cuente con las mejores playas de las Canarias (honor reservado a Fuerteventura) invita a compaginar en un mismo día playa con visitas. Conocimiento y relax. Exploración y descanso. Por eso, y mapa en mano (no os preocupéis, es sencillísimo desplazarse en coche alquilado por la isla) de ahí podemos dirigirnos a Caleta de Famara para echar el resto de la mañana en una de las playas de arena más recomendables.
| Más de 1.000 especies y 4.000 ejemplares pueblan el magnífico jardín. |
Es un auténtico placer pasear por el jardín ya que no encontrarás dispuestos de manera seguida dos cactus iguales, a la par que es interesante aprender a medida que los vamos conociendo las diferencias entre los de Madagascar y los americanos, por ejemplo. Un par de lagunas con pequeños nenúfares descongestionan los caminos atestados de plantas y, como digo, premian al viajero con trazados casi naturales repletos de interesante flora. Muy llamativa resulta siempre la entrada a los baños, ya descubrirás por qué.
Lanzarote Día 2: Fuego, agua y viento
| El tour en autobús deja imágenes como éstas. |
Madruga, pues el Dios del fuego te ayudará. El Parque Nacional de Timanfaya es de lejos la visita más codiciado de cuantos aterrizan en la isla, y por ello si estás allí a las 9:30 (la visita te llevará unas dos horas) te toparás con unos cuantos avispados como tú pero nada molesto ni para fotografías ni para la visita. Nada más cruzar la garita de seguridad te toparás con un letrero que merece la fotografía -aún no lo he dicho, pero todos los monumentos lanzaroteños poseen uno diferente y que resume lo que encontrarás dentro-.
A medida que avances te percatarás de la magnitud de las erupciones que han tenido lugar en los siglos XVIII y XIX (el de 1824 fue memorable) y su innegable influencia en la nueva configuración del paisaje. A la izquierda dejarás la Ruta de Camellos, donde por 12 euros la pareja podéis dar una vuelta de unos 30 minutos por un paraje natural inigualable. Personalmente reniego de ello pues seguramente estén preparados, pero me da un coraje extremo observar a los camellos soportando tanto peso. Al fin alcanzarás el Islote de Hilario, en el que hay un par de curiosas demostraciones cada 5 minutos sobre el poder del magma residual subterráneo y lo más interesante: una ruta en autocar por 14 kilómetros de dunas y crácteres en los que una grabación explicará pormenores de la isla y las erupciones. Hazme caso: déjate llevar y disfruta de lo que tus ojos verán. Aun yendo en el autobús eres capaz de percibir la paz, calma y sosiego que transmite un paisaje que antaño fue todo lo contrario, terror y agitación al sucumbir pueblos enteros a toneladas de lava.
| La curiosa ‘Laguna de los clicos’ contrasta con el mar y la tierra volcánicas. |
No en vano, lo que se encuentra ante nosotros una vez alcanzamos el extremo del sendero es parte de un cráter -podemos imaginar el resto haciendo una revisión panorámica-. También puedes descender y observar de cerca las aguas eternamente verdes gracias al fitoplancton de sus profundidades, además de aguas perpetuas debido a la filtración del mar.
| Punta Papagayo es un estupendo lugar donde reposar tras una jornada de turismo. |
Lanzarote día 3: Subterráneo y estratosférico
| Letreros como este están a las puertas de cada monumento. |
Llegados a este punto, además de morenazos (¡no olvides protegerte!) y conquistados por la isla, hemos de percatarnos que nos habremos enamorado de la superficie de la isla. Falta adentrarse en sus entrañas, y para ello paradójicamente nos dirigiremos arriba (sobre el mapa), vamos, al Norte. Allí a la derecha estará Jameos del Agua y a la izquierda la Cueva de los Verdes, ambas conectadas de manera subterránea por un gigantesco tubo volcánico. «Jameo» alude a las aberturas que posee el monumento una vez comenzamos su exploración, hasta tres en la parte del tubo más pegada al Monte Corona.
| Te parecerá estar en una postal de ensueño. |