El “látigo” Vinicius, como el apodó Lampard a la postre y en
rueda de prensa, llevó en volandas un día más a un Madrid que contrastó con la
actitud de su crack. Mucho más comedido y dosificado, supo imponer la temple y
el control a las hormonas y pulsaciones y resolver sin grandes complicaciones –algún
que otro susto- el partido de ida de los cuartos de final de su competición.
Queda por dilucidar si los blancos refrendarán la tranquilidad con la que están
afrontando los enfrentamientos eliminatorios en esta Champions, en contraste
con lo ocurrido la pasada. Queda por comprobar si, con dos latigazos, al Madrid
le servirá para doblegar al león londinense.

De nada de esto entiende Vinicius. El brasileño, más por
voluntad que por desconocimiento, no renuncia a vaciarse en cada partido y en
este lo hizo para pesar de James, al que seguirá persiguiendo a esta hora en
sus pensamientos igualmente sin darle caza. Así fue en el campo y gracias a su
capacidad de regate, atrevimiento y rapidez en la búsqueda de espacios propició
un desmarque en el que, remate acrobático mediante, provocó el rebote que cazó
Benzemá para estrenar el marcador. Pudo hacerlo antes el Chelsea gracias a un
Kanté que era el reverso visitante de Vinicius, pero o bien falló o bien se
topó con un Courtois contorsionista capaz de atajar con las manos un balón
lanzado con fuerza a la orilla de su pie izquierdo. Con el tanto de los de
Ancelotti desaparecieron los de Lampard.

Alguno que otro murmuraba en las gradas que era el momento
de dar la estocada final pero Rodrygo desaprovechó un par de balones de Benzemá
cuya lectura y anticipación de la jugada sigue yendo por delante del “21”
merengue, que en encuentros así recupera el debate sobre si no es más letal e
incisivo saliendo de refresco en lugar de hacerlo de inicio. Prueba de su colmillo fue la jugada en la que arrancó la tarjeta roja a Chilwell tras un gran desmarque, profundiad que completaba Carvajal con sus constantes acometidas. El brasileño debería mirarse quizá en el espejo de
 Asensio, quien precisamente anotó el segundo gol de zurdazo desde fuera del
área tras sustituir a Rodrygo. 

Hubo tiempo para más, pero el Madrid de las
grandes cabalgadas y goles en los últimos minutos es otro, cosa ya del pasado;
a éste, de momento, le sirve cambiar el carácter español por la organización y
temple anglosajones para ir a Londres con una renta que se antoja suficiente.
De serlo, hará falta mucho más para el otro inglés que espera en semifinales.
Un guión para cada partido.

 

Jesús Clemente Rubio