Siempre me gustó la canción «Red Red Wine», con un fuerte tufo a Bob Marley y el aroma del buen vino. Un reggae que nos habla del poder de atracción del líquido que les subió a la cabeza a los romanos, en todos los sentidos. El vino es un campo en el que un francés parece ducho desde que nace, pese a que aquí tenemos viñedos de altísima calidad.
Pero vayamos por partes. No sé nada de vino, y siempre pensé que jamás aprendería nada. Pero bastó una oferta de Groupon sobre una cata y ganas de aprender sobre lo que, insisto, cada vez más españoles se interesan (afortunadamente): la enología. Todo ello en una bodega ecológica como marco, previa charla y posterior cocido. ¿Se puede ser más español? Pues eso, que viva el vino (y las mujeres).
| Éste es el aspecto de la cata ecológica de los Saavedra. ¿Te apuntas? |
Así pues, seas un completo experto -en este caso quizá te aburras un pelín- o un novato en la materia, los 20 euros que cuesta el día en Cenicientos te parecerán un regalo. Porque todo comienza con el bueno de Sergio Saavedra explicando el proceso de elaboración de su vino -marca Corucho, de bodegas Luis Saavedra-, con una explicación amena, campechana y abierta a todo tipo de preguntas -un servidor hizo unas cuantas bastante obvias- acerca de lo que estás escuchando. La hora y pico que dura la lección se te pasará volando y, justo cuando sigues recreándote en lo recién aprendido sobre la fermentación, los tipos y clases de vino, la importancia de una buena y nueva barrica (podrás comprobarlo en la bodega subterránea de las mismas instalaciones) y demás…justo cuando ya te estés dando por satisfecho, llegará lo mejor: la cata. Y el pan. Y los ibéricos. Cuerpo y sangre de la gula.
| Los Saavedra son muy escrupulosos con el cuidado de las barricas. |
Un salchichón aceptable, un queso más que bueno y un jamón mejor, sin olvidar el pan -básico para hacer olvidar al paladar el vino recién probado y prepararle para el siguiente- servirán de condimento al leit motiv de la visita: los vinos.
| Sopa de puchero, lo mejor después de la cata. |
Cuando uno entra en «La Carpintería» sabe que encontrará un trato especial dado el previo acuerdo entre bodega y restaurante para abastecer a los contratantes de la visita. Igualmente, y como dicen las madres, no es lo mismo cocinar para unos cuantos que para muchos, y más cuando se trata de un cocido. Pues bien, efectivamente el caldo no desprende ese sabor rural de los pueblos manchegos pero, sin duda, su elaboración (a la lumbre y en puchero) se notará en un sabor refinado y suficiente para satisfacer al consumidor medio de cuchara. Nosotros repetimos, con la verguenza del que pide más y con la certeza de que bien hicimos, dada la sonrisa de los camareros.
| Apetitoso…¿no? |
El segundo ya pudo con nosotros:ración de garbanzos -de los grandes- mas que abundante y llenos de sabor, qué menos estando a fuego lento y en brasas tanto tiempo.
| ¿Qué diferencia hay entre un vino joven, un reserva y un crianza? Descúbrelo en una de estas instructivas catas. |
| El ‘F’, la élite de Fuentespina. |
Mientras, te recomiendo degustar cualquiera de las variedades vinícolas lanzadas en su día por Avelino Vegas, te lo dice un aprendiz hedonista al que conquistó visual, olfativa y gustosamente, entre otros, el Efe. Si no lo haces por ti, acuérdate de tu corazón (más que demostrados los beneficios de una copa de vino diaria).