«Allá donde se cruzan los caminos» cantaba, entre otros, Antonio Flores. Hay una encrucijada más que bien conocida por los repartidores de flyers que asoma con pie y medio en Chueca y el resto en Gran Vía, y es la zona que agrupa Calle Barquillo, San Marcos y colindantes. En una de esas esquinas se alza y abre al público a través de sus enormes ventanales un local que nació como tapería y ante la demanda y necesidad de la clientela de la zona se reconvirtió a un restaurante que roza la excelencia.
Dada su ubicación uno se estremece imaginando los precios; ya te adelantamos que estás ante la mejor relación calidad-precio de la zona no sólo por lo elevado de la primera, sino por lo reducido de la segunda. Gonzalo propone un espacio en el que dota de identidad corporativa cada esquina -aludiendo a su nombre, El Palé- y donde, tras mil y una fórmulas, ha perfeccionado oferta gastronómica, espacio y ornamentación e incluso programación nocturna en los fines de semana. Jamás un puñado de maderas dispuestas en cuadrícula enamoraron tanto al paladar como al bolsillo.
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| La planta baja luce palés por doquier introduciendo el elemento ecológico y verde en la atmósfera. |
Si Chueca y Gran Vía quedasen para cenar, probablemente elegirían El Palé. Su esquina permite enfilar ambas zonas y sus ventanales no perder el contacto con la urbe pese a disponer tamaño local que alberga incluso zona de relax y chill-out.
| Los palés visten paredes y rincones del local. |
La decoración de ambas plantas ha sabido conjugar nombre e identidad del restaurante con fotografías profesionales que rotan cada pocas semanas y dejando espacios que ensalzan la luminosidad del local. Así que por el día disfrutarás de las sensaciones que sólo una terraza puede darte con la ventaja de que el techo y recinto te privan de las adversidades callejeras. Por la noche las maderas que cuelgan de las paredes e incluso donde posamos los vasos adquieren una atractiva dimensión gracias al contraste de las bombillas de globo ancho y luz tenue y las velas de las mesas. Tamaño párrafo dedicado al local no esconde ninguna deficiencia gastronómica; es que sin duda es parte importante de tu experiencia en El Palé, un sitio tan alegre y divertido para una comida distendida como romántico para sorprender a tu pareja por la noche.
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| En la primera planta un pequeño entresuelo alberga la zona chill-out, de obligada visita para los que buscan la primera copa. |
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| Sí, sabe como parece. |
| Con queso brie, verduras, mayonesa… el surtido de mini hamburguesas colmará toda clase de gustos. |
Y vaya si la abrimos. Si la que se sirve con queso brie sorprendió por la vuelta de tuerca -secreta- en su preparación, la detallada en la carta, que combina mayonesa con aceite de albahaca, premia con un sabor inédito entre las clásicas mayonesas a las que estamos acostumbrados. Desearás que el «mini» fuera «maxi» pero descuida, quedan las joyas de la corona entre los principales.
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| El secreto ibérico está delicioso por sí solo: combinado con la salsa chimichurri y las patatas, sublime. |
Embriagados por la atmósfera, satisfechos por la comida y expectantes ante el espectáculo de humor que programan las noches de los viernes y sábado a manos de una archiconocida showman y Drag de la noche madrileña, creímos no tener tiempo ni saque para más.
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| Prepárate para degustar uno de los mejores postres de toda la capital. |
Hasta que leímos sobre el coulant, hasta que lo vimos en nuestra mesa. Un servidor, peligrosamente chocolatero y amante de tan preciado dulce, dudó sobre si el sorbete de maracuyá que lo acompaña haría justicia o bien pervertiría o taparía las bondades de mi sabor favorito. Por eso el impacto de mezclar ambos sabores y en lugar de pelearse firmar un tratado de paz tras otro con mis papilas gustativas como testigos fue absoluto. Sabéis que las sentencias a veces son sin fundamento alguno; más aquí afirmo rotundo y seguro que estamos ante el mejor coulant. Y, por qué no, ante uno de los mejores restaurantes de Chueca, Gran Vía y el distrito Centro.





