Tan ruidoso y ajetreado es Madrid -ojo, que en esa vida 24/7 también reside su magia- que uno no puede escapar del «sonido ambiente», ni siquiera si emprende la huida hacia arriba. En este mismo blog os he hablado de otras terrazas que incluso ubicándose en una séptima u octava planta premian con multitud de servicios pero no le privan a uno de los frenazos, motores y cláxones. Es hora de hacerlo. A sólo unos cuantos metros de la Gran Vía, integrado en el archiconocido barrio de Chueca, se erige el icono de los hoteles gestionados por Kike Sarasola y compañía: el Óscar Room Mate. Con un renovado diseño y unas acomodaciones de lujo de las que daremos cuenta otro día, sin duda la mayor sorpresa la reserva para quien lo explore hasta su última planta: una azotea dotada de una discreta piscina, una exclusiva atmósfera y… ¡un momento! ¿y el ruido de Madrid? Por fin descansarás en una terraza madrileña.
| Mires donde mires, te toparás con los edificios más importantes de Madrid. |
Una veintena de premios lo avalan como alojamiento, creo que se multiplicarían si se asomasen a las alturas del hotel. Subir a la terraza del Óscar Room Mate es adentrarte en cualquiera de sus horarios -bien el piscinero, bien el de copeo- en una atmósfera chic que inmediatamente de traslada al espíritu más glamouroso, cosmopolita y liberal de la capital. Si la serie se hubiera titulado «Sexo en Madrid», Carrie y sus amigas habrían paseado y frecuentado la terraza del Óscar. Y más con una renovada versión que amplía el espacio a base de despejar la superficie de objetos, retirar las pomposas camas ubicando sofás con chaiselong para un mayor aprovechamiento en favor del visitante y combinando nuevamente el tarima y césped artificial. Siendo los más quisquillosos del mundo diríamos que a la generosa barra le falta algún elemento ornamental pero justo abríamos la boca para puntualizarlo cuando el camarero nos adelantó que en breve llegarán metacrilato y demás material y cartelería que, sin duda, darán el impulso definitivo a su zona de trabajo.
| Una pequeña panorámica de lo que ofrece la terraza… ve y descubre la otra mitad. |
| 10 euros te separan de esta suculenta y generosa ensalada de pasta -nuestra favorita-. |
Claro que lo exclusivo se paga: lo más económico son los 3 euros del agua frente a los 13 del cóctel con alcohol; mientras que las comidas, los 10 euros de la ensalada se estremecen ante los 20 de platos premium como las tablas de jamón ibérico. Dicho lo cual, reitero, lo bueno se paga. Y lo excelente, más. Aquí quizá te cueste rascarte el bolsillo para estos productos o el simple acceso a la piscina pero, una vez consumas lo adquirido, no te arrepentirás.
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| La terraza goza de uno de los mejores atardeceres de la capital. |
Porque el acceso a la terraza no se basa en unas vistas majestuosas de Madrid -de hecho es mejor mirar al horizonte y toparte con otras azoteas como la del Círculo de Bellas Artes- ni tampoco en una piscina de dimensiones olímpicas -el «largo» te llevará unos 5 segundos-. Aquí se busca que el visitante, residente o currito que busca una desconexión total la encuentre sin tener que retirarse unos cuantos kilómetros del centro. Si no me crees, elige cualquiera de los sofás o bien de las hamacas y túmbate -ojo, protégete que en las alturas el señor Sol castiga más-. Cuando te quieras dar cuenta, pensarás que abajo ya no está Madrid, sino hectáreas y hectáreas de campos vacíos, o qué se yo, pues no escucharás ruido alguno. Es, junto con el acceso también a gente que no sea huésped, el valor añadido más destacable de cuantos posee la azotea del Óscar.
Nunca serás como esos multimillonarios empresarios de Beverly Hills que en las películas hacen y deshacen a gusto en su ajardinada terraza entre hamacas, sofás, piscina y silenciosa tumbada al sol. Sin embargo, seamos sinceros, todos hemos evocado alguna vez cómo sería ese estilo de vida. En Óscar Room Mate, aunque sólo sea por una mañana o una jornada entera, deja que tus máximas preocupaciones sean ir de la hamaca a la piscina, engullir tu ensalada tumbado en la hamaca y tratar de oír un sólo claxon de cuantos inundan la capital. La terraza de los que les gusta vivir bien.