CINEFÓRUM: El drama mete un balazo a la acción en «Jack Reacher»

Por 15 euros entre entrada y palomitas (6 en el caso de acogerte a promociones y traerte refresco y comida de casa) uno espera un gran espectáculo. Si añadimos acción, el especialista en misiones imposibles Tom Cruise y un eslogan que alardea de cruzar la delgada línea entre lo legal y lo verdaderamente justo, la expectativa se dispara. La intrahistoria es que el hecho de crearse expectativas suele ser la antesala de la decepción. Quizá por ello la expectativa sea la culpable de que “Jack Reacher” me haya encantado. Suponía una película de acción sin más, con balas, puñetazos, persecuciones y demás parafernalia al estilo Charles Bronson. Me quedé corto.
STOMACHUS: Ouh…Babbo!, o la conquista del paladar
Imaginaos que vuestra pareja es amante del turismo, de la gastronomía y de la música. A priori es fácil acertar en al menos uno de los tres aspectos… pero la excelencia, cumplir en todos los campos, está al alcance de unos pocos y de un restaurante: Ouh…babbo!. Tu boca viajará a Roma de la mano de la cocina más tradicional y casera de la capital italiana mientras Bruno Squarcia -dueño del local- y sus secuaces deleitan tu oído con la más bella de las serenatas. O puede que todo esto sea demasiado «rosa» para ti, comedor compulsivo, así que centrémonos en la comida.
MUSEUM: ¡Tiembla NO-DO! Llegan los Beatles
Niñas gritando hasta desgañitarse, lágrimas, desmayos, es…Justin Bieber. Se trata de una patología diagnosticada, conocida como fenómeno fan, pero en ningún caso penséis que nació con éste u otros productos de usar y tirar de la industria musical. Frank Sinatra hizo surgir el concepto de fanática musical que, abreviado, se quedó en fan… pero los cuatro fantásticos, no los del cómic sino los del escenario, The Beatles, se encargaron de difundir la fiebre por todo el mundo y llevarla a su punto más álgido.
REFLEXIO: Bienvenidos a otiuMMadrid, la capital del ocio
Dalí advirtió sobre la fugacidad del tiempo. Resulta que el restaurante tan popular resultó ser un desastre, pues el paladar no entiende de modas. La escapada vacacional quedó en encerrona debido a un mal tiempo, estado del hotel o destino. ¿Qué me dices de la primera -y última- copa en aquella coctelería, el museo lleno de marketing y vacío de contenido o el estreno tan sonado que al final sólo fue ruido?Basta. Dedicamos la mayor parte de la semana a la actividad con menor relación tiempo-gratificación de la historia: el trabajo. Y las pocas horas del fin de semana, justo cuando podemos degustar sus frutos, se nos diluyen en la lluvia, los retrasos aéreos o una mala elección cultural o gastronómica. Piensa en si tienes tiempo. Piensa en si eres libre. Une ambas reflexiones.