Cuando una exclusiva marca de moda con el máximo detalle por
bandera se atreve con una azotea en Madrid con la suerte de terraza, el
experimento puede ser de fulgurante éxito o de estrepitoso fracaso. Pues bien,
el GastroBar y terraza de Salvador Bachiller sólo entiende de la primera opción
y, sin gozar de las extraordinarias vistas de otros espacios similares en
Madrid, propone uno de los rincones más envolventes, selectos y a la vez
accesibles de la capital. Y con un brunch más que recomendable.
entre el desayuno y la comida los fines de semana es una práctica tan social
como muy tentadora desde el punto de vista gastronómico. Y si conoces un poco
la marca Salvador Bachiller o echas un vsitazo rápido a la tienda mientras te
diriges a su azotea adivinarás que la terraza, si es una extensión merecedora
de las iniciales SB, repetirá en lujo de detalles y calidades. Lo hace.
la mejor ventana a un espacio idílico, repleto de plantas y verdes por doquier
que abrazan a un mobiliario con fusión de modernidad y retrovintage, columpio y
otras zonas grupales repletas de encanto.
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| Todo está cuidado al detalle en el Jardín Salvador Bachiller. |
Por si te lo preguntas, no, tanta
vegetación significa cero insectos y “bichos”, debido a un nuevamente cuidadoso
tratamiento de la misma… lo que unido a toda una mañana con comida al aire
libre y “sin moscas” ya hizo ganar muchos puntos a esta terraza madrileña.
el propio brunch: cuatro elecciones distribuidas en bebida caliente (café, té,
cola cao…), fría (zumo de naranja pero también suaves cócteles), dulce (gofre,
tortitas, croissant o yogurt ) y salado (tacos de pollo, focaccia con pesto y
huevos benedictinos). Como anécdota, el dulce os llegará antes que el salado;
no estamos muy acostumbrados a este orden, pero resultó igualmente eficaz.
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| La gula y lujuria gastronómica… gofre y chocolate. |
Porque este brunch se empieza a comer por los ojos por
presentación, por “chuladas” varias de las que se te incrustan en la retina
(las pajitas del zumo o el amor a primera vista con el gofre y su chocolate con
leche fundido –opción personalizada que tuvieron a bien servirnos-) para
salivar y, por último degustar entre trompetas celestiales. Si bien el zumo
pasa algo inadvertido, la focaccia y el gofre conformaron una de las combinaciones
que nos deleitaron; la otra, los huevos benedictinos y el yogurt. En ambos
casos, el comensal nunca se notará pesado pero sí satisfecho, que al fin y al
cabo es como uno ha de quedarse.
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| Los huevos benedictinos, clásico de los brunch, cuidado al detalle. |
Levantando los ojos de la mesa y mirando alrededor, para
terminar, encontraremos la otra razón por la que repetiremos en Salvador
Bachiller; la coqueta atmósfera, casi íntima, toda vez que sugerente y
embriagadora. Suponemos que la experiencia nocturna será igualmente positiva,
pero el sol abriéndose paso entre las plantas para iluminar ese gofre bañado en
chocolate es una imagen sólo superable por el paseo para recordar por su tienda,
mientras descendíamos por las escaleras para salir otra vez a la calle Montera.
Una visita casi guiada e imprescindible a una tienda en la que todo se vende y,
si por ti fuera y tu bolsillo te dejase, todo comprarías.
¿Cuándo? Hay brunch todos los días de 11:30 a 13:30. El resto del día se sirven comidas y cenas.
peatonal. Lo más sencillo el Metro (L5 Gran Vía
19,90 euros por brunch y persona.




