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| Guinness Storehouse. |
Si estás preparando tu viaje a la capital irlandesa, no puedes perderte nuestras guías de viaje sobre Dublín aquí y aquí. En ellas, respectivamente, tratamos cuánto pueden dar de sí un par de jornadas en Dublín y los mejores lugares donde reposar tus cansados huesos, vamos, el manido «donde dormir». Esta vez recuperamos una de nuestras célebres entradas para otros destinos como Nueva York y repasamos las 10 cosas que no hiciste en Dublín (y que merecen la pena). Un top en toda regla para, si tienes algo más de 48 horas, no dejar títere con cabeza en lo que respecta a visitas imprescindibles. Cualquiera de estos planes teñirá de naranja, verde y blanco tu corazón.
1-. Pasar allí un St. Patricks Day (Día de San Patricio)
¿Si os decimos Pamplona respondéis casi por inercia San Fermín? Entonces idéntica asociación deberíais hacer con St.Patrick´s Day (o Día de San Patricio) con Dublín. Cierto que ambas ciudades son mucho más que su festividad estrella, pero hacer coincidir las fechas de tu escapada con el 17 de marzo y no aprovechar para vivir de la manera más intensa posible -con permiso del celebrado en Nueva York- la fecha más celebrada del calendario irlandés puede suponer el mayor arrepentimiento del viajero.

Temple Bar registra su mejor -y más agobiante- aspecto durante la celebración de St. Patrick.

| El desfile quizá no sea la algarabía que esperas; pero su variedad y carácter pintoresco merecen un vistazo. |
| Aunque te digan de estar allí a las 10 -el desfile empieza a las 12- no te preocupes; no cogerás primera línea pero asistirás a él igualmente. |
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– ¿Dónde? El Día de San Patricio se celebra en todo el mundo; incluso en Nueva York tiene lugar el desfile más multitudinario.
– ¿Cuándo? St. Patrick´s Day se celebra el 17 de marzo y el fin de semana más próximo (que, por cierto, suele tener mucho más ambiente que el propio 17).
-¿Cuánto? Salvo actividades puntuales, muchos de los eventos que tienen lugar en St. Patrick´s son gratuitos.
2-. Hop on Hop off oficial de Dublín con DublinbusSi en aquel primer artículo te contamos las bondades -y defectos- del tour en autobús turístico de la compañía Cityscape, esta vez haremos lo propio con el único y oficial, en el que es el Ayuntamiento de Dublín y los organismos oficiales los que tiran de los hilos. DublinBus Hop On, Hop Off ofrece, como su nombre indica, la posibilidad de moverte por la ciudad en autobús subiendo y bajando las veces que quieras o necesitas durante dos días consecutivos. Para ello, dispone autobuses desde las 9 de la mañana con una frecuencia de entre 15 y 20 minutos y 23 paradas repartidas por toda la capital, alguna más si contamos el segundo recorrido.
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| El Hop On Hop Off no sólo es una perfecta manera de moverte por la ciudad; también una de las más didácticas. |
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| Si eliges el autobús público te ahorrarás unos 5 euros que merece la pena pagar por ir cómodo, con Wi-Fi y seguro de tu destino. |
3-. Museo de Escritores
| La reformada estética respeta al máximo el aspecto original. |
Mucho se ha escrito sobre Dublín, quizá porque la ciudad ha parido a grandes plumas como Jonathan Swift, Oscar Wilde o James Joyce. Todos ellos y muchos más -suman, entre otros, cuatro premios Nobel-, aglutinados y repasados de manera cronológica y con muestras de la época y un excepcional contexto relacionado con su vida y obra nos espera en el Writers Museum de Dublín. Dos plantas y unos 45 minutos en los que la audioguía es menester para entender la sociedad sobre la que ironizó -en el mejor de los casos- Wilde, que atacó con esmero y oratoria Swift, que representó mejor que nadie Joyce en su famoso Ulises… Dos plantas, varias estancias y, como digo, la mejor manera de sumergirte en la literatura que nació y procreó en la capital irlandesa.
| El Generator Dublin trabaja cada día por enriquecer la experiencia de huéspedes y visitantes. |
Si aún no conoces la cadena Generator y, en concreto, su hostal de Dublín, es porque hace poco que llegaste a los escritos de otiuMMadrid. Aquí te contamos en su día las bondades de una marca que lejos de ofrecer un excelente descanso apuesta por comida, ambientación, programación y actividades de tanta calidad que bien podría uno disfrutar de la experiencia irlandesa sin moverse del hall principal. No hay mejor muestra de tamaña afirmación que el Fair Market que se celebra un domingo al mes -normalmente, el tercero- en su amplísimo recibidor y que se ha convertido en uno de los imprescindibles tanto para locales como para visitantes. Más de 40 puestos con todo tipo de productos, desde los gastronómicos hasta camisetas personalizadas, menaje amaderado y artesanal, vinilos históricos… y un etcétera que apunta a la eternidad.
| ¿Aburrido de tanto puesto? Tómate un respiro al ritmo de la mejor música en vivo. |
| Más de 40 puestos hacen del «no picar» un desafío. |
Entre puesto y puesto, dos bares, que sirven una de las mejores hamburguesas de la ciudad y una gran variedad de cervezas, respectivamente; y una cafetería donde, al margen del plato del día, te esperan dulces, cafés y otras comidas para echar el día de tiendas en este «mercado justo» sin moverte del hostal. Como colofón, un ambientazo que va ganando enteros a medida que rulan las cervezas y que arrancan las actuaciones musicales y, más que un mercadillo, aquello se transforma en un festival.
| Ya de por sí el campus justifica la visita. |
El Libro de Kells es uno de esos bienes que, aunque interesantes, no merecen el carácter de indispensable. La fama viene dada mayormente por una de esas extraordinarias acciones de Marketing de las que en España aún poco sabemos, del vender bien y enriquecer el interés sobre un objeto a base de poca Historia y mucho aritificio y espectáculo. Dicho lo cual, claro que le va bien la etiqueta de importante vestigio del arte medieval, dada su naturaleza manuscrita y poderosas ornamentaciones, además de ser el máximo representante de la cristiandad celta.
| La sala principal de la biblioteca luce así de impresionante. |
| Seas o no amante de la lectura te enamorarás de sus estanterías. |
Pero si te recomendamos dejarte caer por la Trinity College -la Universidad cuyo campus justifica la visita- es por la impactante biblioteca en la que se custodia el citado manuscrito; en concreto el gigantesco hall principal en el que se conservan una copia de toda obra publicada en Irlanda y Reino Unido y donde podrás deslumbrarte con una organización que exhala el inconfundible aroma a libro antiguo, que no viejo. Testigos de semejante belleza son los bustos de importantes figuras de la literatura que se extienden hasta donde lo hace la sala. Es aquí donde los 10 euros de la entrada encuentran su razón de ser.
| Lo cierto es que la Christ Church es más imponente en el exterior. |
No nos gusta que se pague por visitar catedrales. Siempre lo hemos dicho y lo mantendremos hasta el final. Pero hay algunas que juegan con su tradición y majestuosidad para casi obligarte a soltar unos cuantos euros para asistir a semejante espectáculo.
| El interior, despejado y elegante, se asienta sobre una cripta imperdible. |
La Christ Church Cathedral no es una de ellas en sí, pero la visita a la cripta que incluye alivia y casi hace razonable el precio de la entrada. El folleto, disponible en una decena de idiomas, es tan escueto como explicativo, y el café en el bar de la cripta, tan original como placentero.
| Comprobarás como veían la vida los presos. |
La vimos en «En el nombre del padre» y, sin embargo, si la visitas de aquí a mayo te perderás justo la parte cinematográfica, cerrada por obras. Pese a ello la Kilmainham Gaol fue y es una de nuestras visitas favoritas a tu paso por Dublín. Algo retirada al oeste del mapa (accesible fácilmente por el autobús Hop On Hop Off), el recinto ofrece una fantástica retrospectiva de lo que podrían contar los muros y paredes que encerraron -y ajusticiaron- a miles de presos. La Historia moderna de Irlanda repasada de la mano y voz de dos guías que, eso sí, sólo entenderás si estás algo iniciado en el inglés.
| Una de las fotos más espectaculares de la visita. Descuida, te avisará el guía. |
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| Pasillos llenos de historias que te serán relatadas al detalle. |
Es la única manera de visitar el complejo, donde aunque no entendieras ni una sola palabra disfrutarás de sus instalaciones y celdas. Si, en cambio, el idioma de Shakespeare no te asusta, opta por David como tu guía, cuyo exquisito inglés entenderás hasta la última letra. Las condenas a muerte de los rebeldes, las condiciones de los presos, cómo y por qué la gente elegía delinquir prefiriendo la cárcel que estar fuera de ella, los presos mejor y peor tratados… un sinfín de anécdotas e historietas que hacen de la Historia algo lúdico e interesante. 60 minutos de visita guiada -más lo que quieras quedarte por la zona de exposición- a un precio irrisorio en comparación con otras supuestas atracciones de la ciudad que, en realidad, sólo sirven para vaciarte el bolsillo. MUY recomendable.
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| ‘Hay poesía en una pinta de Guinness». Y poetas tras beberla. |
Un contrato de alquiler de 9.000 años. El famoso documento que da la bienvenida en la antigua fábrica Guinness da cuenta de dos cosas: en su interior te aguarda la historia de uno de los empresarios más afamados y quizá el mejor del mundo en lo que a cerveza se refiere encerrada en un estrambótico (¿has observado el pez en bicicleta de la foto de portada del artículo?) y gigantesco complejo. La segunda, que si está el dichoso documento también se encuentran las primeras herramientas e instalaciones utilizadas en la fabricación de la Guinness, cuyo proceso es además explicado al detalle por una genial audioguía con una versión española de aplauso.
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| La cerveza es la historia y las barricas sus relatores. |
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| Además de la consumición incluida, la visita te sorprenderá con degustaciones puntuales. ¡Coge, que es gratis! |
Detesto la cerveza y, sin embargo, me enamoré de la Guinness o, al menos, del mundo Guinness. Y más de uno también lo hizo aunque sea por la degustación final de una buena y clásica pinta negra. Pero aprender a tirarla, zambullirte entre cebadas, levaduras y barricas para descubrir los menesteres del producto… Guinness consigue, en una visita que puede durar lo que tú consideres, que adores el imperio que el señor Arthur imaginó y llevó a cabo en vida y luego a través de sus sucesores.
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| Música en vivo y ‘Flashmobbing’ durante St. Patrick´s Day. |
Si además haces como nosotros y coinciden tu visita y algún evento importante, descuida que la organización se encargará de programar un sinfín de actividades relacionadas para que ésta se convierta en la experiencia definitiva de Dublín. ¿En nuestro caso? Vivimos St. Patrick´s Day rodeados de cerveza… puedes imaginar el resto. Quizá no la mejor pero, desde luego, es la atracción más divertida del top 10.
| La destilería se ubica en un marco pefecto: la Smithfield Square, a espaldas del Generator Hostel. |
Antes no lo he mencionado, así que aprovecharé el también contexto alcohólico -espirituoso, que dirían los gustosos del eufemismo- para decir que entre el señor Jameson (e hijo) y el señor Guinness parieron el aspecto que hoy presenta Dublín. A ellos se deben reformas en los hospitales e iglesias más conocidos, utilizados o visitados actualmente. Y todo ello pudieron hacerlo gracias a la cerveza, en el caso que ocupa el apartado anterior, o el whiskey, en el presente. La visita a la destilería Jameson merece tanto o más la pena ya que aborda desde una perspectiva comercial, familiar e histórica el nacimiento y desarrollo de la industria -e imperio- Jameson.
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| Descubre la historia de persistencia y trabajo que encierra el éxito que hoy tiene Jameson. |
Lo hace de una manera sencilla y cercana, como digo con un fuerte componente familiar y casi motivacional invitando a todo aquel poseedor de una idea a desarrollarla y transformarla en un sueño hecho realidad. Y por el camino didáctico suelta entretenidas perlas como la posibilidad de participar en una cata y obtener el certificado de profesional del campo o, claro está, degustar -consumición incluida en la entrada- un buen Jameson Whiskey. Nuestro consejo, como el de toda noche de borrachera que se precie, es que no mezcles: tanto Guinness como Jameson merecen una visita tranquila, como la buena cata; respirando, tocando, sintiendo la magia de cada factoría.
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