Demon's Souls Review - Screenshot 3 of 4
La remasterización de Demon´s Souls se vale de la potencia de PS5 y ofrece puro espectáculo.


En el apartado sonoro, además de una banda sonora orquestada digna de ser escuchada al margen del juego, los efectos y la combinación de los mismos crean una atmósfera que te cuelan bajo la armadura y, jugando a oscuras, te meten de lleno en, por ejemplo, una cueva entre el eco de tus pisadas y el distante susurro de voces y onomatopeyas que vaticinan un enfrentamiento. Si bien cuenta con sus detractores en las novedades de la interfaz, nosotros nos quedamos con su fidelidad al original, el sistema de combate RPG dinámico y que, en ocasiones, no da tregua y la curva -cerrada, muy muy cerrada ;)- de dificultad que convierte en todo un reto el completar el juego sin caer en decenas de las mil muertes que nos aguardan. Sabemos lo que cuesta estrenar una consola de 500 euros jugando a un título del pasado y lo que se te pasa por la cabeza con solo plantearte la idea pero, créenos, como complemento al juego de lanzamiento que elijas, Demon´s Souls no te defraudará salvo si aborreces el género. Quizá ni en ese caso serás capaz de negar un obligado en la galería de todo jugador.

Paciencia con los jefes… Morirás al menos una vez por quedarte admirándolos.


La aventura que merecía Sackboy

Le conocimos en LittleBigPlanet, nos encariñamos con él a lo largo de la saga y es ahora cuando Sackboy: Una aventura a lo grande premia al homónimo protagonista con el videojuego que merecía, alejada de aquella fórmula que nos encandiló, apostando por un refrescante título de plataformas. Son muchos los aspectos que servirían de carta de presentación y captación de potenciales compradores, pero allá van 3: la aventura se puede completar en solitario o con hasta tres jugadores -de momento solo en cooperativo local-; Sackboy jamás lució tan bien como en el estreno generacional y las primeras incursiones en el esplendor audiovisual que alcance en un tiempo Playstation 5; y, por último, el aprovechamiento del Dual Sense. 

Sin exprimir al máximo las nuevas posibilidades de este mando de control como hace Astro, no es menos cierto que Sackboy transmite gracias a la flamatne tecnología cada superficie e impacto que sufre el personaje… y no serán pocos. Correr, saltar, atacar, coger objetos y utilizar algunos gadgets y artilugios… Sackboy echará mano de un nutrido repertorio a lo largo de 60 niveles repartidos en unos mundos que nunca defraudan y lucen coloridos y con un aspecto infantil pero muy cuidado. Obviamente la versión de PS5 gana en resolución si bien la diferencia más notable, la que está llamada a marcar las páginas de esta generación que se escriban en un futuro lejano, es la de los tiempos de carga.


Alegría, color y buen rollo es lo que nos hace falta. Y a Sackboy le sobra.


Todo ello contextualizado por una historia en la que Mundo Artesano está amenazado por el villano Vex, cuyo Patasarribador está transformando el apacible lugar en el que conviven Sackboy y compañía en un lugar aterrador. Diversas y breves cinemáticas irán encadenando fases en un conjunto dinámico, completamente doblado al castellano y con una dificultad más bien baja pero suficientemente progresiva como para no aburrir. Aunque no hayamos incidido mucho en las melodías y efectos, perfecta réplica al gran apartado visual, deciros que le han dado tanta importancia que son un elemento jugable más en ciertas ocasiones.

La gran aventura plataformera que merecía Sackboy.

Sackboy es el guiño «nintendero» de Sony a su PS5, aportando color, jugabilidad plataformera de aire, desarrollo y personajes infantiles pero adictiva para nuestras manos, ojos y oídos. Con un protagonista enternecedor y un contexto soberbio y dinámico, Sackboy: Una Aventura a lo grande es la mejor excusa para convencer a los Reyes de que, este año, nuestros hijos merecen una PS5. Y ya, solo porque nos pilla de paso, pedirles éste y otros juegos como los arriba mencionados. Una alegría compartida que garantizará nuestra buena y ansiada salida y mejor entrada de año.

Jesús Clemente Rubio