En Madrid sur también hay restaurantes de calidad, de diseño
en espacio y platos, de fusión con acierto y equilibrio. Kasiba es un
japofilipino ubicado en Alcorcón que propone una carta que sorprende por la
intensidad de sabor de cada uno de sus platos, lo que invita a obviar la
comanda por libre y navegar de su mano en una de las experiencias degustación
que proponen. En la llamada Luzon (39 euros por persona con 2 bebidas
incluidas) viajamos del sushi al arroz con setas salpicado de curry, de las
gambas bañadas en salsa a las vieiras y el nigiri de solomillo. Hasta un simple
tomate te hará relamerte en Kasiba quizá porque no es tan simple el producto.
Ni sencilla su preparación.

Tomate ecológico marinado lentamente con aceite de trufa y
virutas de jamón crujiente. Casi crujiente al tacto. Delicioso en el paladar.
Sirva este grado de trabajo y mimo del primer plato para asomarse al resto: en
el ebitén gratin encontramos langostinos gratinados en miso de chile sobre roll
tempurizado con relleno de aguacate. Hablando de texturas, ésta es adictiva,
encontrando réplica en un sabor para el recuerdo. Los nigiri de solomillo con
foie braseado y salsa tabayaki introducen el componente carnal en momento justo
y con calidad suprema. Tanto fue así que, por fuera, pedimos la bandeja de 12
nigiris para comprobar cómo se las gastaba en el resto. El de pez limón merece
placa y monumento.

Tanto nos gustó el sushi de la degustación que pedimos una bandeja de nigiris.

En los principales, las zamburiñas flambeadas vienen
acompañadas de una contundente salsa de soja, mayonesa de yuzu y huevas de
tobiko. Ingredientes, algunos de ellos, que podrían ser demasiado fuertes por
separado y para ciertos estómagos, pero que coralmente actúan en extraordinaria
armonía. El placer al comer cada zamburiña era proporcional a la pena que uno
siente al ver que el plato se va vaciando. Menos mal que acuden al rescate la
roca de gambas crujientes con salsa agridulce y un toque –muy, muy ligero-
picante, de nuevo, en perfecto balance para ser sólo disfrutado; y el arroz
jazmín salteado con pato laqueado, setas y huevo. El principal que subsana el,
para nosotros, único “pero” del resto de la propuesta Luzon: la cantidad.

Los principales son tan acertados como los entrantes, pero siempre hay un favorito.
El nuestro son las zamburiñas.

En el postre podéis elegir entre profiterol tempurizado o
Red Velvet de remolacha. Si os perdéis el segundo, estaréis dejando de probar
una de las mejores tartas que hemos probado en TODAS nuestras degustaciones. Y,
sin duda, la mejor Red Velvet de cuantas ha visitado nuestra lengua y boca. Un
cierre que, como su apertura, eleva a Kasiba a la categoría de cocinas de
fusión y referencia en la capital y recuerda que la región de Madrid va mucho
más allá de la ciudad homónima, y nos deja en el resto de sus lares perlas como
este establecimiento japofilipino.

El mejor cierre sabe a Red Velvet.

Más información en https://www.restaurantekasiba.com/experiencia-degustacion-luzon

 

Jesús Clemente Rubio