Es extraño que Hollywood aún no haya apostado -telefilmes aparte- por una superproducción para representarla. Es una pena que no existan fotografías de tamaña catástrofe, obviamente no tanto por las víctimas como por la majestuosidad de la capacidad destructiva de un volcán. Pero si echamos un vistazo a los libros, hallaremos cientos de relatos salpicados de ficción pero todos con una cruda base real en torno a la tragedia que dejó la erupción del Vesubio tras de sí. Ahora, casi 2000 años después, la Fundación Canal nos adentra en un detallado recorrido por la ciudad engullida por la lava: Pompeya.
Son muchos los motivos por los que retornamos de Semana Santa hablándoos de una exposición como la que nos ocupa. En primer lugar, porque es la única en la historia de nuestro país en ofrecer más de 600 piezas rescatadas siglos después de las ruinas de la ciudad. Además, nos toca de cerca: el principal adalid de tal exploración y reconstrucción no fue sino el «mejor alcalde de Madrid», Carlos III, rey de Nápoles antes de ocupar el trono español. Por último, hayáis o no visitado los vestigios de aquella urbe (cercana a Nápoles, en próximos mundus os hablaremos de ello) merece la pena asomarse a uno de los mejores legados romanos conservados en la actualidad para conocer el qué y cómo de un cuándo milenario: el 79 d.C
| Pompeya exhibía en sus casas la opulencia de quienes allí habitaron. |
El 24 de agosto de dicho año un seísmo fue el preludio de una imponente nube negra que manaba amenazadora del todopoderoso Vesubio. Algunos no necesitaron más señales para emprender la evacuación pero otros, movidos por la avaricia de sus tesoros, la tristeza del abandono del hogar o, simplemente, subestimando a la rabiosa naturaleza, permanecieron en sus casas. Es por ello que encontraremos piezas y escenarios perfectamente conservados debido a que fueron sellados antes de la catástrofe pero sobre todo gracias, irónicamente, a la propia lava, convertida en un agente destructor por las altas temperaturas y protector al enfriarse.
| Ni siquiera este ‘Corredor’ superó los 300 km/h de la lava. |
Porque Pompeya, más allá de ser una esplendorosa ciudad romana de 20.000 habitantes destruida por la erupción del Vesubio, es testigo de una época que hemos visto infinidad de veces a través del celuloide y recreado en nuestra imaginación con ayuda de los libros, pero que nunca vivimos lo suficiente. Ahora podrás hacerlo, de manera didáctica y sencilla, con paneles informativos suficientes para entender cada una de las secciones de la exposición y varios vídeos que aderezan e ilustran la muestra. No tanto por la abundancia de dichos paneles como por la escasez de contenidos de la audioguía, desaconsejamos ésta, pues dice poco más de lo escrito para todo el público.
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| Pasó tiempo hasta que se descubriera que, inyectando yeso en el aire acumulado entre la piedra y el cuerpo, se conseguía conservar este último. |
No fue la única ocasión en que el volcán rugía y escupía fuego y ceniza: lo hizo antes y después, la última vez, de hecho, en 1944. Los italianos, que no aprenden, volvieron a edificar en la zona y hoy tres millones de personas perderían la vida de ordenarlo así el Vesubio. Mejor no hagamos enfadar a la naturaleza…
