Ocho cambios, muchas habladurías previas en la grada, la victoria ante el Sevilla no pesa tanto como la derrota por goleada en París. Zidane se la juega, vuelve a ser el valiente ZZ que, ya sin flor, arriesga y juega al límite. Y una vez más, acalla diretes, demuestra con fútbol y tirando no de jugadores, no de titulares o unidades B, sino de plantilla. Ni antes eran muy malos, ni ahora son muy buenos, pero si algo es el Real Madrid esta noche y le va como anillo al dedo es líder. Y dos jóvenes, uno de ellos derrumbado entre lágrimas por la presión que conlleva ser jugador de élite y jugador del Real Madrid, devuelven la sonrisa a la grada. El sábado, derbi. Primero contra segundo. Real contra Atleti, pero mismo apellido: Madrid.Llegaba el Osasuna con un respeto ganado a pulso pero también apostando por una revolución en su equipo titular. Rotaciones en ambos equipos para construir dos nuevos, y un Madrid al que le bastaron quince minutos para tomar pulso al partido y hacer el bloque que la unidad titular a veces desdibuja. Kroos está, y aunque detrás de las cámaras, se nota en la realización y el dibujo. La defensa, organizada y segura, si bien no hubo demasiado ataque desde Navarra. Sí brilló Areola no tanto por numerosas y majestuosas intervenciones sino por la seguridad que tanto se echa en falta en demasiadas ocasiones con Courtois. A partir de la segunda línea, Lucas Vázquez rápido y veloz con detalles para driblar propios de podium mundial; Vinicius Jr. omnipresente, superando a su par por ambas bandas y Jovic, aún en fase de construcción, apuntando maneras de cara a gol. No obstante, el VAR le arrebató justamente aunque por poco el suyo. El primero, sin embargo, fue para un joven que simboliza la otra cara del fútbol. Esa que te llevas a casa, que está en redes sociales constantemente, que no perdona el fallo y que eleva al máximo la presión sobre un chaval que hace poco saludaba a la mayoría de edad. Viajes, gastro y planes en familia. Sin spam, solo lo que merece la pena.